Objeto-ambiente en el lenguaje plástico de Miguel Ángel Garrido
Berta Taracena
Energía expresionista
La pintura de Miguel Ángel Garrido sorprende a primera vista tanto por el corte como por la invención que dan idea de su interpretación muy personal del movimiento. Este talento conduce al artista por caminos audaces para acercarse y alejarse de la objetividad y manejar con amplia libertad la abstracción geométrica.
Se trata de un joven artista que analiza la realidad en dimensión rítmica por medio de formas y personajes que evocan placas fotográficas impresionadas varias veces, secuencias cinematográficas rodadas con lentitud o con extrema velocidad, iluminadas a veces por relámpagos impactantes por su dramatismo.
En sus formas, Garrido no evita relaciones realistas o naturalistas pero se interesa en lograr espectaculares compenetraciones iridiscentes que lo inclinan a imágenes abstractas dentro de un vaivén rítmico y casi musical que resulta viaje de ida y vuelta, un ir y venir que identifica su lenguaje plástico, característico y original.
Espoleado por un vitalismo vigoroso, Garrido no rompe de ninguna manera con el mundo de la experiencia a pesar de lo fantásticas que parezcan sus imágenes. En su estética hay una visión con una fuerza nueva que lo impulsa a pintar lo sorprendente, lo terrible y lo imprevisto de nuestro tiempo. En estas etapas de su trayectoria, este artista aparece rebosante de ideas, entusiastamente comprometido con lo social y lo humano, agresivo, cargado de alusiones, de símbolos, de intervenciones eróticas y sentimentales que introducen en su pintura analogías e incrustaciones estimuladas por la memoria.
Si tomamos como ejemplo sus muñecas-niñas o niñas-muñecas (Comadres en su silla metafísica, Tuerta desde arriba, Despertar de la muerte y otras obras de esta serie) probamos que producen un impacto enorme, no tanto por sus relativas novedades formales como por la fuerza de su élan vital.
Radicado desde los diecinueve años en esa especie de paraíso terrenal que es San Miguel de Allende, Garrido estudió en el afamado Instituto Allende con el maestro José Ignacio Maldonado, inclinándose muy pronto por expresar sus propias hipótesis filosóficas y científicas que interpretan cosas y circunstancias como una continuidad dinámica, inquietud muy suya, que excluye distinciones de tiempo y lugar, para lograr la concepción del objeto-ambiente como unidad indivisible y en movimiento, de formas y espacio.
En obras importantes como La boda de mi hermana, Mamá y papá en un estacionamiento, Dinamismo de Mumu con correa y otras, se comunica de modo inmediato que los objetos tienen en sí ilimitada potencialidad plástica. Igual en Entrando al casino, Noche en Bahía de Conejos, Frente al poste y varias más, cuyas líneas directrices de expansión y continuidad emocionan al espectador. Se trata del genio del pintor cuyas pinceladas bien dirigidas resaltan la estructura de las formas, el articularse de las mismas en el aire.
De este modo, Miguel Ángel Garrido es un exponente lírico de la concepción moderna de la vida que se basa en la rapidez y simultaneidad del conocimiento y la comunicación. Su energía expresionista resulta el medio apropiado para representar, gracias a las vibraciones de luz, la realidad perpetuamente móvil del mundo de la experiencia, como perpetuamente móvil es nuestra relación con el mundo, tal como vemos en Bailarina de flamenco, Desde la oscuridad, Autorretrato gris, Retrato con fondo naranja y otros cuadros.
A vuela pincel, Garrido intuye líricamente el fin de la tradicional distinción entre sujeto y objeto, interioridad y exterioridad, ya que no sabemos lo que es real o verdadero, solo lo intuimos, mientras sigamos vivos.
En la presente exposición, se incluye un conjunto de obras "antibonitas" cuyas descomposiciones y deformaciones se agotan a veces en el grotesco, pero que más bien son la energía interior sorprendida en el momento en que se expande y supera las dimensiones del lienzo.