Mientras sigamos vivos

 
Miguel Ángel Garrido
n. 1982
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Las vorágines y las expansiones de Miguel Ángel Garrido.
Por José David Cano
Publicado en El Financiero. Martes, 16 de junio de 2009


Todavía hace unos cinco años algunos amigos le insistían con aquello de que no se puede vivir del arte. "¿De qué vas a vivir?", era la pregunta que invariablemente siempre le hacían. Él, sin embargo, respondía frecuentemente también lo mismo: "Es que no se trata de qué voy a vivir, sino para qué voy a vivir." Un lustro después, la frase ya no le hace falta.

Simplemente Miguel Ángel Garrido poco a poco ha ido entrando al circuito del arte, y lo ha hecho de una forma orgánica y natural, que, en términos simples, se traduciría "pinta y no te preocupes por otras cosas". Al menos es lo que piensa este joven pintor mexicano. Y es que lo primero que llama la atención de él es su edad -nació en septiembre de 1982-; lo segundo, su trabajo: una obra sólida pero cambiante, hermosa pero desgarradora, inquietante pero vibrante. Y, lo tercero, es que tiene sus ideas perfectamente estructuradas. Cuando nos encontramos para platicar sobre su trabajo -que consta ya de tres exposiciones individuales: Expansión en látex, Animal en celo y Vorágine, y en las que tanto la condición humana como el cuerpo son una constante-, le pedí a Miguel que nos contara cómo había llegado a la nueva serie; como verá, el resultado fue asombroso.

-¿Sabes? -dijo-, creo que siempre he tenido un profundo interés por la condición humana, porque es lo que más nos toca como humanos que somos: el conocerse a uno mismo. Una de las primeras reflexiones a las que llegué fue justamente esa doble naturaleza que tenemos, ese lado positivo y lado negativo para con nosotros mismo; hablo, claro, de ese sentido de violencia, de abuso sobre nosotros mismos. Una necesidad que, por ejemplo, no es tan comprensible como la bondad o la alegría. Es así como llegué a Expansión en látex; empecé la serie de las muñecas como una aproximación hacía la anatomía, pero también como una necesidad de entender el movimiento y el espacio. En esos momentos estaba adentrado en la obra de Francis Bacon y Lucian Freud, viendo la relación entre ellos dos... Comencé retratando las muñecas de una forma realista y del natural, con mucho empasto y mucha obsesión descriptiva, dejando, a la vez, un espacio metafísico, un espacio que sugería un movimiento de éstas. En el fondo, la idea era encontrar el morbo que nos produce un objeto que parece humano pero que no lo es. Esta representación de nosotros mismos, que toca también a la naturaleza, es algo que ha estado con nosotros desde hace muchos siglos.

"Esta serie me obligó a querer retratar la piel, la piel real; empecé haciendo unos cuantos desnudos, del natural, con modelos, pero no tenía suficiente dinero para seguir pagando. Así que me vi en la necesidad de buscar fotos en Internet; esa búsqueda me llevó, primero, a encontrar mucha fotografía erótica; luego, eso me topó con la pornografía. De ahí surgió una segunda necesidad en la exploración de mi trabajo, la necesidad para conmigo mismo de entender el morbo, entender el por qué nos hace reaccionar de una manera tan primitiva lo carnal. Fue un reto de romper con cánones y, también, con tus propias barreras. Así que empecé buscando la yuxtaposición del color para avivar intensamente la anatomía en esas imágenes de carácter 'escandaloso'. Quería que se entendiera el empasto, que te maravillaras por la sensualidad de la pintura, que pudieras encontrar la brillantez del color o te percataras cómo había sido el manejo del espacio... Para mí, siempre ha sido una necesidad importante el espacio.

"Esta serie me llevó a tocar otros temas de la condición humana, como puede ser el abuso del poder. Me encontré con imágenes crudas y me hice otra vez la misma pregunta: ¿por qué no estudiarlas? Al final, también tenía que ver conmigo y con la vida que me interesaba. Y es que siempre he creído que, de alguna forma, el pintor suele llevar una doble vida: la que está frente al lienzo, y su vida cotidiana. Así, la vida frente al lienzo te permite explorar cosas que jamás harías en tu vida real. Eso dio vida a Vorágine, en donde exploro con imágenes de guerreros, de cuerpos en la calle.

"Casi simultáneamente a esta serie es cuando comienzo a trabajar Mientras sigamos vivos. Empecé con algunos retratos, violentos, algo conceptuales, que no me convencieron pero me llevaron por otros caminos... Así que, como puedes ver [Miguel da un giro completo a la galería], lo que buscábamos era mostrar un poco de dónde venía este interés que ya está mucho más claro y cocinado aquí."

-Al igual que Vorágine -dije tras una pausa-, Mientras sigamos vivos vuelve a trabajar en lo monocromático...

-Así es; entré en la monocromia en Vorágine (blancos y negros) porque sentía demasiada estridencia en Animal en celo. Trataba como de entrar en una sobriedad del color, porque, a pesar de que son en blanco y negro la mayor parte (aunque se pueden ver toques de color), buscaba un como amarrarme la tripa de tanta estridencia, porque llegué, lo juro, a colores casi fosforescentes. Después de eso quería ya profundizar en el color de una manera sobria.

-Decía que esta nueva obra se fue dando casi simultáneamente con Vorágine; ¿trabaja por series siempre?

-Sí, incluso trato de hacer series para buscar, de manera más profunda, en el tema que estoy trabajando... Por ejemplo, a nivel conceptual, también me di cuenta que me estaba fijando demasiado en lo que está afuera y no en lo de adentro, no estaba mirando hacia mi vida. Fue así como empecé a tomar fotografías, muchas de ellas barridas, fuera de foco, pero como una especie de francotirador de mi propia vida. Y me encontré con escenas maravillosas; cuando empecé a explorar esas fotos con la pintura fue una grata sorpresa: ¡todo cambiaba! ¡Era capaz de apuntalar la belleza de cada una de esas imágenes accidentadas! La belleza para mí es la gracia y ritmo, el instante y accidente. Y creo que eso está en Mientras sigamos vivos.


INSTROSPECCIÓN

Dice Miguel Ángel Garrido que no hay que ver Mientras sigamos vivos, su más reciente serie, como si fueran pequeñas historias.

-Más bien, son escenas de mi vida; o sea, son escenas cotidianas. No me acerco a la pintura desde un sentido literario, sino como casi algo personal, casi de introspección... Por eso, más que una historia, hay escenas en las que sí creo que se dice todo. Me parece que toda obra de arte debe decirte todo lo que estaba alrededor de ella sin mostrártelo necesariamente.

-¿Tiene que estar preparado el espectador para ver ciertas obras suyas?

-No, lo único que le pido es que la vea y no la piense. Una de las cosas que me maravillan de Francis Bacon es esta idea de que el arte debe entrar por las tripas y no por la cabeza; y ése es justamente el camino que busco... Claro, con mis propias palabras y con mis propias obras. Yo creo en la pintura como un idioma en el que los ojos y el instinto entablan un diálogo; por supuesto, sin la intervención de la razón.

-Entonces, ¿no piensa en el espectador a la hora de pintar?

-Siempre he concebido mi pintura como algo para mí. Mira, he tenido esta discusión varias veces: "¿Qué tan importante es el espectador?". Para mí, como pintor, como persona que está detrás del caballete, no lo es... o sea, yo nunca hago un cuadro y estoy pensando "qué dirá la gente". Así que no se malentienda: abordo mi cuadro como ese cuadro que yo quiero ver. Lo que viene después, eso sí, es que me convierto en espectador. Me separo completamente de mis obras...

-¿Como especie de desdoblamiento?

-Sí. De hecho, si estuviera prendido a éstas sería algo insoportable y no podría avanzar. Así que me desprendo de cada una de ellas, lo cual me permite señalar "esto es bellísimo, y esto no", "esto funciona para futuro, y esto no". Es decir, a veces me quedo con piezas claves que sé que puedo seguir explorando su resultado, o el camino que siguió ese cuadro.

-¿Cuándo sabe que una obra está terminada?

-Yo te puedo decir que ninguna pieza de esta serie me reta para seguirla trabajando; ya que siempre trabajo una pieza hasta que ya no me exige nada. Obviamente, con algunas me quedo más satisfecho que con otras (en el sentido de que me gusta, no en el sentido de que no esté finalizada).

Un detalle más que no puede dejar pasarse: si ahora Miguel ha puesto más movimiento a sus cuadros es por una razón: "Es que -dice- mi interés es acercarme a la abstracción a partir de la figuración."


               José Ignacio Aldama

               Berta Taracena

               José David Cano
               El Financiero. Martes, 16 de junio de 2009