Presentación
José Ignacio Aldama
"Un gran artista jamás ve las
cosas como realmente son.
Si lo hiciera, dejaría de serlo."
-Oscar Wilde
La creación de imágenes ha sido parte de la condición humana desde la prehistoria y estuvo alguna vez supeditada a la pintura. Sin embargo, la supremacía del quehacer pictórico como testigo visual de las épocas ha cedido paso a nuevos medios con el uso de recursos más precisos para tal efecto. Existe incluso el debate de si en pleno siglo XVII, artistas de la talla de Johannes Vermeer (1632-1675) ya utilizaban la famosa "cámara oscura" para crear sus pinturas, logrando esa perspectiva que sólo puede conseguir la visión a través de una lente.
Se dice que en 1839, al ver por primera vez un daguerrotipo (el invento precursor de la fotografía), Paul Delaroche (1797-1859), el destacado pintor romántico de personajes y acontecimientos históricos, exclamó: "Desde hoy, la pintura ha muerto". La pintura -sobra decirlo- no murió, pero se ha transformado hasta nuestros días, reaccionando ante los cambios políticos, sociales y tecnológicos y, por supuesto, a la diversidad en la realización y captura de imágenes.
En esta transformación de la pintura, en su búsqueda de nuevos horizontes en el arte y su reacción a la invención de la fotografía, tuvieron lugar las grandes corrientes del siglo diecinueve y sus célebres ismos, en los que cambió la concepción misma de la pintura ante la incorporación de la subjetividad y la síntesis en la imagen. Cambió entonces la composición, la perspectiva y el color: un árbol podía ser rojo o los caballos azules, como ocurre en el célebre óleo de Franz Marc. Más adelante, con los hallazgos freudianos, se abrió paso al inconsciente en la creación, borrando los límites realistas o racionales para la creación de imágenes.
Otro cambio tecnológico importante hizo reaccionar a la pintura: la invención del cinematógrafo, con sus imágenes en movimiento y su capacidad de mostrar el mismo objeto desde todos sus ángulos. Surgieron entonces en la pintura corrientes como el cubismo o el futurismo que intentaron emular lo que proponía el nuevo medio: perspectivas múltiples y movimiento.
El siglo XXI inicia con un impacto tecnológico sin precedentes, la computadora y los medios digitales influyen como nunca antes en la forma que tenemos de crear imágenes. Vemos en muchas obras pictóricas y fotográficas de hoy cómo se diluye la línea divisoria entre pintura y fotografía: en ocasiones las pinturas son trabajos cuyo propósito es lograr una imagen casi fotográfica con pincel; en otros casos se pintan fotografías como parte misma de los temas; vemos pinturas "pixeladas", como imitando los efectos de un close-up reventado en el monitor de nuestra computadora y también perspectivas que sería imposible pintar en vivo. Hay, asimismo, fotografías que emulan bodegones; otras con escenas o retratos a la manera de un cuadro, incluso fotografías abstractas, que llevan al extremo la participación del azar en el momento de crear. Los artistas juegan con nuestra imaginación, logrando que nos cuestionemos las fronteras entre lo real y lo irreal, como se ha hecho por siglos.
Numerosos son los artistas que durante el siglo XX y en la actualidad han vinculado la fotografía con sus trabajos pictóricos. Miguel Ángel Garrido la utiliza para plasmar una realidad que no existe ante los ojos desnudos del espectador y crea con ella imágenes reconociblemente pictóricas que, sin embargo, tuvieron su origen en un trabajo fotográfico.
Garrido es un artista mexicano que tiene muy clara su vocación como pintor y su necesidad de crear a través de la pintura. En años pasados nos ha presentado series en las que exhibe el lado oscuro de la condición humana, no como denuncia, sino como reflexión acerca de nuestra propia fragilidad. Lo ha conseguido a través de la representación pictórica de imágenes cuyo origen es fotográfico. Esto nos lo hace saber con la composición misma de las obras, pero la plasticidad que consigue con las pinceladas y los empastes borran toda huella del medio original y convierten sus pinturas en originales creaciones.
Sus dibujos y sus retratos del natural evidencian su dominio de la técnica; la fuerza y espontaneidad de su pincelada muestran la seguridad que ha conseguido en su trabajo, a pesar de su corta edad. Y es con esta juventud que nos confiesa: "Mi búsqueda con la pintura tiene el espectro de mis capacidades, por lo que intento que cada cuadro me lleve un poco más lejos; quiero probarlo todo, decirlo todo, siento una energía insaciable para descubrir lo más hondo de la realidad que percibo".
Nos presenta esa realidad en esta muestra de treinta y cinco pinturas al óleo sobre tela que ha titulado Mientras sigamos vivos. En ella incluye escenas muy íntimas que tienen en común la representación del movimiento. Pero no es el movimiento futurista de cuadros de antaño, aunque en alguna pieza haga un claro homenaje a Giacomo Balla (1871-1958). Es la necesidad de plasmar, en imágenes bidimensionales, la idea de que el transcurrir diario es una acción en el tiempo. Ya sea porque lo representado en efecto se mueve o porque permanece fijo pero el espectador se mueve junto con la lente por la que parece verse la imagen. Son escenas cotidianas con las que quizá nos recuerde que nuestras vidas están siempre en movimiento; siempre, mientras sigamos vivos.
Con esta muestra, en Aldama Fine Art cerramos el ciclo de exposiciones que hemos preparado para el primer semestre del año, entusiasmados con la respuesta que nuestros proyectos han recibido y comprometidos con nuestro propósito de presentar propuestas que permitan, a nuestro público coleccionista y aficionado, construir un sólido patrimonio visual.