Alberto Ramírez Jurado
n. 1978
Semillas
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Presentación
José Ignacio Aldama
El arte abstracto no existe.
Siempre tienes que empezar por algo.
Después de eso puedes cambiar todos los trazos de realidad.
-Pablo Picasso

El año 2009 estuvo marcado por la incertidumbre de los mercados financieros internacionales, después de la crisis ocasionada por el mercado inmobiliario estadounidense un año antes. Se podría pensar que dicha disminución en la actividad económica arrastró también al mercado del arte, pero éste dio señales de estar apoyado en una base muy sólida, además de constituirse como una alternativa muy rentable, ante la volatilidad de los instrumentos de inversión tradicionales.
Los indicadores del mercado secundario del arte, que funcionan como un parámetro para evaluar la actividad del sector, muestran que el desempeño de ésta, lejos de haber disminuido, ha superado todas las expectativas. Los resultados de las principales casas de subastas internacionales permiten analizar con tino la tendencia en el desarrollo del mercado y seguir con certeza los intereses del público aficionado y coleccionista. "El deseo de arte grandioso es muy fuerte", estableció Tobias Meyer, quien encabeza la división internacional de arte contemporáneo de la casa Sotheby's, al concluir una exitosísima venta de ese segmento en noviembre pasado. En ella se superó con creces la recaudación estimada, con piezas estelares como 200 One Dollar Bills, de Andy Warhol -una de las piezas pioneras del arte pop- que triplicó su valor estimado para venderse en cerca de cincuenta millones de dólares.
Los resultados en el segmento de arte latinoamericano también fueron favorables durante los últimos meses. Festejando treinta años de dedicar ventas exclusivas a este sector, Sotheby's superó las expectativas de todos al rebasar los precios estimados y alcanzar un sorpresivo y altísimo porcentaje de lotes vendidos, muchos de los cuales marcaron nuevos records para los artistas.
Es evidente también que la restricción económica global ha llevado a los coleccionistas a seleccionar con mucha cautela sus adquisiciones, buscando obras de excelente calidad y rareza, tomando decisiones valientes, pero también serenas y prudentes, lo que parece haberse convertido en la tendencia del momento. La misma cautela, prudencia y cuidado son las pautas que rigen la búsqueda que hacemos en Aldama Fine Art para seleccionar artistas cuyas propuestas enriquezcan las colecciones del creciente público que sigue nuestras exposiciones, como la que ahora presentamos de un artista joven, propositivo y latinoamericano: Alberto Ramírez Jurado.
Después de la exitosa presentación de su serie El color de mi tierra en Aldama Fine Art durante septiembre de 2008, Alberto Ramírez Jurado nos ha preparado esta nueva muestra de pintura que ha titulado Semillas. Se trata de veintitrés óleos sobre tela en los que, al igual que en su serie anterior, aglutina arenas con vibrantes colores incorporando, la mayoría de las veces, esgrafiados que dejan ver las numerosas capas que conforman cada una de sus creaciones. La tierra, el sol, los pájaros, los insectos, la siembra y la cosecha son temas recurrentes en sus obras, elementos que forman parte de la vida en la zona de Milpa Alta,  lugar donde reside y trabaja, en las cercanías de la capital mexicana. Con alto grado de abstracción Ramírez Jurado representa todo ello en sus lienzos, que reflejan el carácter orgánico tan distintivo de su trabajo. Con algunas obras de dimensiones más atrevidas, en esta ocasión presentamos entusiasmados Semillas, las más recientes creaciones de Ramírez Jurado, iniciando el ciclo de exposiciones que Aldama Fine Art tiene preparadas para usted en 2010.


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Alberto Ramírez Jurado: Naturaleza constante
Lelia Driben

Lelia Driben es crítica de arte, curadora, investigadora, museógrafa y docente. Ha sido columnista y colaboradora de La Jornada Semanal, Crónica Dominical, La Crónica de Hoy y Letras Libres. Es autora y coautora de numerosos libros de arte, entre los que destacan Vicente Rojo, el arte de las variaciones sutiles; Escultura mexicana, de la Academia a la instalación e Historias compartidas.

En medio del vértigo vivido en los últimos tiempos por la escena nacional e internacional, a causa del predominio del arte en formatos no tradicionales, la pintura vuelve a su cauce y reconquista el mercado. La historia del arte está marcada por estas oscilaciones desde las primeras vanguardias emergentes durante el comienzo del siglo XX, y más exactamente a partir de Marcel Duchamp y sus ready mades.
       En ese marco, el arte no sólo instauró el debate entre el objeto y el cuadro, fue conociendo, además, diversos grados de figuración y abstracción. Como se sabe, la primera piedra fue arrojada por el cubismo analítico que erosionó intensamente las formas, temas y valores de un mundo a punto de vivir transformaciones radicales. Al compás de estos cambios, la develación provocada por el Renacimiento cedió lugar a otra: la de las formas que encienden su propia, autónoma consistencia. Pintores como Klee, Kandinsky y Mondrian corroboran ese volver de las formas sobre sí mismas. Kandinsky despliega la línea curva que se instituye como una remota pervivencia del cuerpo, de lo orgánico y de la naturaleza. Mondrian, como Malevich en su etapa suprematista, va más lejos en su ruptura con la ilusión representativa: utiliza la línea recta que permanece oculta tras lo visible de la naturaleza y de los seres vivos. Por otro lado, la pintura del siglo XX no sólo descubrió los valores de su lenguaje per se; bajo la esfera del informalismo catalán, hizo del espesor matérico un componente sustancial que, salvando las proporciones, reaparece en la obra de Alberto Ramírez Jurado.
       La obra del artista cuya muestra presenta Aldama Fine Art se sitúa definidamente en el espacio de lo pictórico. Además, no hay en ella una antítesis entre figuración y abstracción, aunque los platillos de su balanza se inclinan hacia esta segunda tendencia rescatando, desde ahí, formas levemente reconocibles. Ramírez Jurado, asimismo, evoca e introduce simbólicamente a la naturaleza en sus pinturas, exaltando aquello que posee al alcance de la mano (los guajes por ejemplo) en su propio entorno, un ámbito que puede expandirse abierto al universo en Árbol de la vida, Lluvia de flores y Explosión solar, y puede replegarse en la tarea del Sembrador o de ese otro sembrador oculto y visible al mismo tiempo, transformado, desrealizado, de Entre surcos.
En Árbol de la vida el grueso empaste, las manchas amarillas, el mismo árbol de la vida fraguan un arrebato de color rojo que se expande hacia todo el campo del cuadro en Explosión solar y se detiene con tonos anaranjados en Hamaca, para volver a combinar el rojo y el amarillo sobre la superficie de Parvada. Hamaca: un suave esbozo que anuncia la posibilidad de una espera o de un instante anterior, la de la figura femenina o masculina que acaba de abandonarla o que reposará en ella en algún momento del día o la noche. Y a propósito, todas las gradaciones lumínicas se encienden en los espacios imantados que forja el pincel de Ramírez Jurado. Véase por ejemplo la intensa claridad nocturna de Flores y estrellas y de Piñas y semillas. Y véase por contraste la metafórica presencia del sol en las áreas amarillas de Sembrador, o en el rico empaste que predomina sobre la superficie de Entre surcos y Pájaros en el alambre.
Por otro lado, en la medida en que la obra se instituye bajo la forma de un artificio, más allá de la línea del horizonte el paisaje en Sembrador augura la libre aparición del rojo en el adelantado segundo plano de este cuadro. Esta incisión artificial atraviesa toda la obra de Ramírez Jurado, signada por semillas como la cifra del origen, flores y frutos que reverberan gracias a un logrado uso de la luz, matices de suave sombra en cruce magnético con el rojo o el azul y más. ¿Qué más? un leve asomo de la figura humana, ese resorte clave en la pintura de los siglos pasados que el siglo XX, en la mayoría de sus realizaciones, trastocó o expulsó por completo.