Presentación
José Ignacio Aldama
Agotados sus símbolos, el arte sigue periódicamente un curso hacia la degradación.
En momentos tales, el arte mismo anuncia su necesidad de renovación.
-Guy Davenport
El arte contemporáneo se ha encontrado inmerso, en las últimas décadas, en una escalada de intensidad en la forma de sorprendernos. Parece que por nuestra incapacidad de asombrarnos ante la belleza, los artistas han buscado en formas y medios alternativos la manera de perturbarnos hasta sembrarnos la terrible duda de si sus manifestaciones son obras de arte o no. Pero alejándonos del difícil debate actual sobre las fronteras del arte y de lo estético, y regresando a planteamientos más básicos, no parece exigente desear que cualquiera pueda saber cuándo está frente a una obra de arte, sin necesidad de un aval filosófico o de una explicación mayor.
Al final, es arte lo que el mercado dice que es arte y el mercado lo forman todos los que participan en él: artistas, críticos, curadores, museos, galerías, espectadores, etcétera. Ante la idea de que nuestro grado de civilización actual se pueda medir en un futuro por el arte que perdure, el célebre filántropo, coleccionista y conocedor Eugene V. Thaw manifiesta su preocupación pues, dice, "no me gustan muchos de los objetos que se producen hoy". Por otro lado, la historiadora del arte Teresa del Conde nos asegura que "en realidad, no hay tiempos artísticos malos". Lo creo cierto. En todas las épocas hay magníficas propuestas artísticas, aunque resulta evidente que florecen más en unos tiempos que en otros.
Resulta paradójico, sin embargo, que el coleccionismo de arte contemporáneo nunca haya tenido tanto vigor como ahora. Alguna vez limitado a ciertas élites, hoy el coleccionar arte es una actividad que realizan un sinnúmero de personas e instituciones. De las doscientas colecciones de arte más dinámicas e importantes del mundo en 2009 -selección publicada anualmente por la prestigiada revista Art News- tres de cada cuatro centran su interés en el arte contemporáneo, y las ventas reservadas a este arte en las más reconocidas casas de subastas internacionales se han convertido en fechas estelares del llamado "mercado secundario".
Todo parece indicar que cada vez más gente manifiesta la intención de aproximarse al arte, acentuando la importancia de educar el ojo y formar el criterio con base en el estudio. A este respecto, Alan Bamberger nos recomienda seguir cuatro pasos para adquirir una obra de arte y formar una colección: 1) Definición concreta del tipo de arte que nos gusta, para lo cual es necesario ver mucho; 2) Selección y localización de obras de arte específicas para una posible adquisición, que implica familiarizarse con el mercado y sus agentes; 3) Investigación de las obras y sus autores, para tomar decisiones con la información necesaria y suficiente; y 4) Adquisición de la obra, previo análisis del precio y las consecuencias financieras de la compra en potencia.
Confirmando la intención de Aldama Fine Art de buscar y presentar propuestas que enriquezcan el patrimonio visual de nuestro creciente público seguidor, con gran entusiasmo presentamos en esta ocasión a un joven artista contemporáneo que tiene la capacidad de sorprendernos echando mano, ¡oh, sorpresa!, del oficio pictórico tradicional. Yampier Sardina apenas alcanza tres décadas de vida y en su trabajo ya se ve la madurez de quien ha asumido con claridad su vocación de pintor y la seguridad de quien se ha entregado por completo al estudio, la técnica, la reflexión y la contemplación. En su obra no sólo es evidente su capacidad, sino lo que logra decirnos con ella.
Sardina domina las técnicas del dibujo y, dentro de la pintura, sus paisajes y retratos son sorprendentes. Sin embargo, ha querido centrar su atención en el género de la Naturaleza muerta. Pero este término castellano no es preciso ni suficiente para definir su trabajo y desde luego no le hace justicia, pues la intención en sus representaciones se apega más al concepto neerlandés de still-leven, o al anglosajón de still-life, es decir, "vida detenida", o a lo que Omar Calabresse se refiere como vita fermata in un instante, donde "lo inmóvil es más bien el instante o, lo que es igual, el tiempo de la representación de la pintura".
Los objetos que coloca en estos modernos bodegones son cuidadosamente seleccionados para plantear al espectador mucho más que su simple y lograda representación. En ocasiones los lienzos se presentan como las vanitas flamencas del Barroco, que con su carga simbólica se empeñan en recordarnos la fragilidad de la vida, la certeza de la muerte y, ante eso, lo inútil de los placeres mundanos. Pero el memento mori, el recordatorio de que vamos a morir, no es tan evidente en algunas obras de Sardina y aparece sólo al descifrar el acertijo que nos plantea. Otros lienzos son dominados por la picardía de un erotismo simbólico cargado de mensajes cifrados: frutas que enuncian un cortejo sensual, prendas de mezclilla que se convierten en divisa canjeable por placer en su natal Cuba o langostas que, como el gozo pagado, se reservan allá para satisfacción de extranjeros. Es recurrente la contraposición de elementos antiguos y modernos que plasma el paso del tiempo; también es común la colocación de truncados mensajes escritos. A veces esgrafiados, a veces pintados, éstos aparecen a manera de tenue graffiti en los muros que representa con intención hiperrealista, misma que sobresale también en el drapeado de las telas que cubren gran número de sus mesas y con las que pretende "engañar" la vista del espectador que, a sabiendas de la irrealidad de lo pintado, disfruta con placer de su contemplación. En sus piezas más recientes, nuestro artista incorpora elementos de la tierra veracruzana que lo ha acogido y donde ha establecido su taller.
Todas estas obras conforman la muestra El placer del engaño, las últimas creaciones de Yampier Sardina. Se trata de su primera exposición individual en la Ciudad de México y la primera que presentamos de un artista extranjero, abriendo con ella un nuevo capítulo en los proyectos de Aldama Fine Art.